Marie-Luise Scherer: un descubrimiento que celebro / by Horacio Contreras

París, Francia 2011

Publicado el 9 de julio de 2025 en https://www.bookishandcompany.com

La bestia de París y otros relatos, de Marie-Louise Scherer (Sexto Piso, 2014), reúne cuatro historias originalmente publicadas en alemán entre 1983 y 1991. El primer relato, que da título al libro, capta de inmediato la atención del lector porque mezcla varios de los elementos que fascinan hoy a los amantes del true crime  audiovisual: narra la trágica historia de los asesinatos cometidos en la década de los 80 por Thierry Paulin y Jean-Thierry Mathurin, dos emigrados a Francia desde Martinica y la Guyana Francesa, respectivamente.

Es una historia que confirma esa gastada idea de que la violencia engendra violencia, aunque sus manifestaciones sean menos espectaculares que las aquí relatadas. Los asesinos, antes de serlo, fueron niños nacidos en la pobreza de la Francia de ultramar, criados por madres, padres, padrastros, madrastras y abuelas que los dejaron ir antes de tenerlos realmente, sin brindarles un sentido de pertenencia. Muy pronto en sus vidas enfrentaron el peso de una herida migratoria y una homosexualidad que, para la época, los desplazaba a los márgenes más extremos de la sociedad francesa.

Sobre Paulin, Scherer dice lo siguiente:

La madre de Paulin tenía dieciséis años cuando él nace fuera del matrimonio. Crece al cuidado de su abuela, la madre de su padre, que ha abandonado Martinica y vive en Toulouse. Cuando su madre lo acoge a la edad de seis años, estaba esperando otro hijo. Después de un hijo más, se casa, y viene otro hijo. Con tres pequeños medio-hermanos y una madre maltratada por un marido al que le cuesta soportar el matrimonio, Paulin sobra en la mesa. Más tarde, en París, contaría cómo su madre lo alquilaba como repartidor y ayuda doméstica de otras personas.

El relato está construido con retazos de los últimos momentos de las víctimas —ancianas lentas y disminuidas cuyos pasos se pierden entre tiendas en busca de la compra diaria—, algunos detalles sobre la vida de los asesinos y un cierre, tal vez demasiado breve, que concluye el caso.

Los otros tres relatos —uno dedicado al surrealismo, especialmente a Philippe Soupault, otro sobre Proust, que transcurre en paralelo con la preparación de una adaptación cinematográfica de la vida de Swann, y el cuarto sobre un desfile de moda que es muchos desfiles a la vez— son extraordinarios porque rehúyen las frases cerradas para, por el contrario, crear momentos descritos con tanta belleza que provocan tanto regocijo como cierta envidia.

Días después de terminar el libro, me siguen acompañando imágenes y frases: un Joyce que privilegia la música en su prosa —“(…) ponía mucho énfasis en el flujo de la frase, ya que le importaba más el sonido y el ritmo que el sentido”—; un Proust cansado por el asma y movido por la búsqueda de historias que se le escapaban a su aliento; unos surrealistas chismosos y hambrientos de dinero; y diseñadores que sueñan con formas imposibles para vestir tubos rematados en piernas largas.

El lado flaco, si acaso lo tiene, quizá sea el exceso de estos momentos líricos, que se suceden sin ofrecer al lector un respiro, sin una idea que los concrete. Sin embargo, ese fluir continuo se asemeja más a la forma en que experimentamos la realidad, alejándose de la ilusión que construyen otros tipos de literatura con cierre.

Como experiencia de lectura, me encontré con la contradicción del goce por lo leído y el deseo de terminar el texto, no porque ansiara saber cómo seguía la historia, sino por el agotamiento que provocan las ideas suspendidas, los instantes minuciosamente descritos que se encadenan en una sucesión de párrafos casi interminables. Scherer ha sido un descubrimiento que celebro: una prosa a la vez limpia y barroca —equilibrio difícil de lograr— y una manera de contar desafiante para el lector que se ve impelido a crear dentro de sí una unidad de sentido a partir de ideas que parecieran abiertas, pero que constituyen una forma de contar momentos en la historia con un estilo que no es necesariamente complaciente y que, sin embargo, complace.